Las infecciones urinarias son muy frecuentes en mujeres y generalmente son producidas por bacterias. El síntoma más característico es la necesidad urgente y repentina de orinar, que suele ir acompañado de dolor o escozor al orinar.
Es importante no confundirla con la cistitis intersticial, de la que no se conocen las causas de aparición y es de carácter crónico. Por eso, a continuación, detallaremos cuáles son sus causas de aparición más comunes y las cinco claves para prevenirlas.
CAUSAS
- Relaciones sexuales. Se propicia la entrada de bacterias en la vejiga. Orinar después de tener actividad sexual disminuye el riesgo de infecciones porque favorece la eliminación de posibles bacterias presentes
- Falta de higiene de la zona genital
- Bañadores mojados. Retienen el frío y la humedad, condiciones óptimas para la proliferación de microorganismos
- Prendas muy ajustadas o ropa interior de lycra. Impiden la transpiración, por lo que aumenta la temperatura y la humedad en la zona
- Retención urinaria. No ir las suficientes veces al baño o aguantar durante varias horas hace que la orina se acumule durante más tiempo puede favorecer la aparición de microorganismos
- Un pH urinario alto o una orina alcalina supone un medio idóneo para favorecer la proliferación de bacterias
- Obstrucción. Cualquier obstáculo (cálculos, estrechamiento, tumor…) que interfiera en el flujo normal de la orina y produzca su retención aumenta la posibilidad de provocarinfecciones urinarias
- Embarazo. Entre el 2-8% de mujeres embarazadas han tenido una infección urinaria durante este proceso. Suelen ser más susceptibles debido a la posición de los uréteres, más relajados y con menor movimiento, entre otras cosas
PREVENCIÓN
- Mantener una buena higiene íntima, especialmente después de tener relaciones sexuales
- Usar ropa interior de algodón y no ajustada para favorecer la transpiración
- Orinar cuando se tenga necesidad
- Beber suficiente líquido durante todo el día
- Mantener un pH ácido en la orina, ya sea mediante la dieta o con suplementos, para dificultar que las bacterias proliferen, a la vez que restaurar el equilibrio ácido-base del organismo causado por la infección